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17 de diciembre de 2015

La maternidad no es esclavitud



Queridas COmadres, cierro el año con este texto que resume el viaje profundo que emprendí los últimos 12 meses, atravesé por una depresión profunda que me dio la oportunidad de conocerme mejor, de revisar mis prioridades, y de recordar aquello que llena de alegría y cariño mi vida, pero sobre todo me regalo algo invaluable: me devolvió a mi misma.

Comparto con amor este breve texto con el intento de la compañía, de que ponga en palabras lo que muchas veces no se nombra, por que decir que una no se siente bien siempre y que aveces ser madres, pareja de alguien, trabajadoras y todos los roles que nos tocan, nos pesa, que una se siente rebasada, perdida y sin ganas de quedar bien con nadie, por que decir que nos extrañamos y que no nos encontramos no siempre se dice por no decir no se nos permite decirlo, yo le pongo palabras por que no me quiero sentir sola y por que si algo me gusta es mostrarme como soy , con lo que soy y sin falsedades, por que a las madres nos hace bien la honestidad, y dejar de crear falsos mitos de que las madres somos incansables , todas poderosas y eternamente felices, las madres somos seres humanas y ese lugar hay que tomarlo nosotras mismas, demitificando la maternidad y poniendo palabras a TODO lo que sentimos y somos.
La COmadre Lila



Hace unos meses me encontraba pasando por un momento que estaba siendo duro de asimilar, muchas cosas pasando, otras detenidas y con pocas fuerzas de tomar acción, algo dentro me pedía parar, hacer pausa a casi todo, pues el día a día seguía ocurriendo, despertar, atender a mi familia, estar lo más presente posible con mi hija, tomar el auto, hacer las compras, pero en medio de esas actividades no me quedaba mucha energía ni inspiración para hacer más.

Me detuve entonces, deje de escribir en el blog, en la fan page de COmadres, pararon las grabaciones del proyecto COmadresTV, canalice casi todas mis consultas de doula a otras colegas, y me quede con lo mínimo, con lo que me daba para seguir haciendo inspirada aún. 

Ahí en el patio de la casa sintiendo una cascada de emociones, sintiendo como la vida con todo su poder actuaba en una transformación profunda, y como ante esa potencia de la vida de pronto yo no lograba sentir esa misma potencia dentro, comencé a acompañarme, sin exigirme mucho más que estar conmigo, y vaya tarea la de no exigirme más, la de parar el galope del caballo para estar en una imagen más como la de una semilla, que sólo permanece bajo la tierra hasta hincharse lo suficiente para romperse y convertirse en nuevo brote. Empaparme de confianza hasta sentir el impulso para moverme de nuevo... 








Maternar a mi hija entonces me recordó la esencia de estar aquí, en esta Tierra, en esta experiencia humana, escribiendo en este blog, acompañando a las madres en sus maternidades y a las mujeres en sus feminidades. Pues en medio del hacer y del deber ser muchas veces me he perdido, y es que nos dicen muchas veces que si atendemos nuestras necesidades dejaremos de atender las de nuestrxs hijxs, o viceversa que si atendemos las necesidades de nuestrxs hijxs, las nuestras quedarán ahogadas en la nada, como olvidadas. 

Pero nadie o muy pocos han hablado de la importancia de escucharnos y obedecernos, de la importancia de detenernos, respirar y comenzar de nuevo para ir a favor de nosotras mismas. Y ahí en ese acompañarnos, como a ese bebé o niñx que la vida nos ha confiado en el cuerpo de nuestros hijxs, escuchar a nuestro niño o niña interna, no huir de sus llantos, no huir de la necesidad de compañía de nosotras mismas, si "acompañar" nos esta agotando quizá habría que detenernos a preguntarnos si nos estamos haciendo falta, si nos estamos necesitando. 



Y entonces pude hacer la PAZ, conmigo misma, con mi proceso, y con los juicios que me estaba imponiendo de si por cuidarme estaba dejando de cuidar a mi hija, fue cuando me di cuenta de que el cuidado de mi misma es de vital importancia, que mi hija no necesitaba una madre alejada de sus necesidades de cuidado y auto amor, que si seguía  evadiendo mis necesidades, estaba mostrando con el ejemplo el auto abandono, a mi hija le hace mejor una madre que se escucha, se ama y que mi niña interna no esta emberrinchada por no escuchar mi necesidad de consuelo y descanso. 

Cuando hice la paz con lo que estaba sintiendo, pude entonces explicarle con palabras simples a mi hija lo que me estaba pasando, incluso pude decirle que había cosas que no me sentía lista para comunicarle con palabras, que estaba regresando a mi, para no seguir sumando abandono en nuestras vidas. Puedo ver con mayor claridad el extraño mensaje que se ha impuesto a la maternidad, algo así como que la maternidad es alejarnos de nosotras mismas, es acallar la voz de nuestro interior, la de nuestra mujer y niña interna. Pues desde que el viaje comienza, la voz de los médicos, de las terceras personas resuena con un peso muy fuerte, y claro que cuando llega bebé a nuestro brazos nos sentimos perdidas ante las necesidades de nuestro bebé, las voces externas por muy "expertas" que sean, el deber ser, y ahí abajito la voz de nuestra mujer y nuestra niña interna sin mucha potencia para ser escuchadas.

Esta maternidad que vivo, la que yo siento encarnar, y la que veo en la  mirada de mi hija, me ha recordado que si no escucho la sabia voz de mi mujer y niña interna, ambas nos sentimos perdidas, que la maternidad tiene el potencial de las posibilidades; de recordar quien soy yo, en mi verdad más profunda y llena de cariño. Que si de verdad mi más grande deseo es no seguir sumando violencia y abandono a nuestras vidas, abandonarme por no abandonar a mi hija no es la combinación congruente. 

Alejarme de mi sin darme cuenta, ir en contra de mi por que es lo que aprendí y creer que aún así puedo maternar con presencia a mi hija ha sido una ilusión, volverme a mirar, escucharme y desde esa sabiduría pedir la ayuda necesaria para mi y para nosotras ha sido una gran enseñanza del poderoso poder de mi maternidad, atreverme a darme cuenta cual es mi maternidad y no la construida por una sociedad alejada de si misma, es la tarea que atiendo a vivir con paciencia día a día. 

Creo que las madres merecemos saber que la maternidad es acompañar a las hijas y los hijos, pero sin abandonar la mujer que somos y que no dejaremos de ser, que la maternidad no es esclavitud, que necesitamos criar una humanidad llena de cariño, pero libre, incluso libre de lo que nos han dicho que significa ser madre, por que esta humanidad no necesita más mujeres abnegadas, que se sienten culpables, avergonzadas de su cuerpo y que niegan sus deseos, las madres necesitamos liberarnos del sufrimiento que le han impuesto a nuestra labor, y que lxs hijxs nos miren libres y amándonos constantemente, por que somos la primera relación que ellos entablan con el mundo, por que somos las primeras maestras de la humanidad, y el cariño y la libertad es urgente. 



Queremos un mundo distinto, pues es momento que las mujeres y las madres recordemos el amor a una misma.

Este texto es una dedicatoria de amor y una liberación a mi madre, a mi 
abuela y  a las abuelas de mi hija, por que ellas, yo, mi hija y las hijas de mis hijas merecemos una maternidad en donde no seamos esclavas de nada ni de nadie. 
La COmadre Lila





 
Lila Guerrero
Madre, doula y gestora general de COmadres.
Sesiones personalizadas de acompañamiento posparto.
Contacto: lilaromeroguerrero@gmail.com 






17 de noviembre de 2015

Los niños NO necesitan aprender.

Los niños no necesitan “aprender” a ser niños, ellos ya SON, en cambio los adultos necesitamos dejar de intentar que los niños se comporten como adultos. 



Los seres humanos hemos llegado a adultos alejados de mostrar como de verdad nos estamos sintiendo, nos sentimos culpables mostrando ciertas emociones que "no están permitidas socialmente,"  nos sentimos de un modo, pensamos que sentirse así "no esta bien” y decimos y nos mostramos de otro. 



En una lucha constante con como nos sentimos, en una lucha constante con nosotros mismos, y entonces cuando devenimos padres y madres nos cuesta tanto abrazar el hecho de que nuestras hijas e hijos muestren que se sienten como se están sintiendo, pues eso que ellas y ellos sienten nos detona sensaciones también, y queremos pararles, con la idea de que es por su bien, pero en realidad es por nosotros, es por que no queremos sentirnos, por que nos han dicho que esta mal, que no es debido, y con esa educación sin darnos cuenta heredamos ese pleito personal al otro.


Es muy claro cuando un niño se cae y los adultos queremos que pare de llorar, le decimos “no paso nada”, “ya, deja de llorar”, pero si pasó, se golpeo, tal vez físicamente no fue tan doloroso, pero eso no implica que “no pasó nada”, pasó y pasó mucho, las sensaciones del niño nos detonan emociones/sensaciones, pues queremos que ese niño "esté bien", pero al negar lo que pasó no estamos ayudando, nosotros los adultos hubiéramos querido "que no le pasará nada", que no se lastimara , cuando queremos negar lo que ha sucedido NO estamos protegiendo al niño, estamos protegiéndonos a nosotros mismos de sentirnos así como nos estamos sintiendo ante la situación.


Y crecemos con esas memorias, de que si nos pasa algo, en realidad no pasa nada, nos vamos alejando de nuestras sensaciones, minimizando lo que sentimos, nuestro cuerpo se siente de un modo y nuestra cabeza dice que debemos sentirnos de otro.


Pero es paradójico, pues la vida no es así, la vida no es en el no pasa nada, la vida es movimiento y constantemente esta pasando mucho, pero no estamos acostumbrados a que pase, nos educan para que la vida sea una monotonía, una serie de rutinas que cuando se salen de lo que “tenemos bajo control”, nos desbordan o nos paralizan, por que no sabemos lidiar con todo lo que sentimos, por que desde niños nos dijeron que no pasaba nada, por que desde niños nos alejaron de estar cerca, y de la cercanía del acomoñamiento de otros, sin embargo si podemos permitirnos sentir, tenemos la posibilidad de volver a acercarnos, de volver a nosotros mismos. 





Cuando somos madres y padres tenemos la gran oportunidad de modificar esa educación y aprender de nuevo a estar cerca, cerca de nosotros mismos, de nuestras sensaciones corporales, cerca de los cuerpos de los hijos y cerca de sus emociones, cómo, acompañándoles, no forzando a que sientan y sean algo que no son,permitiéndonos que también las sensaciones de los hijos nos muestren el camino de la libertad de sentirnos como nos sentimos.



Cuando dejamos de intentar que los niños se comporten como los adultos que nos enseñaron a ser, madres y padres nos abrimos a un campo abierto para reencontrarnos con nuestra esencia más pura y salvaje, la cercanía con lo que sentimos, cuando nos acompañamos en nuestras bastas y diversas emociones estamos regresando a una congruencia desaprendida, la congruencia de no luchar con nosotros mismos y por lo tanto paramos la lucha con los otros, con los hijos, y entonces podemos comenzar a recordar para que hemos venido a esta tierra, para que somos seres humanos que SIENTEN con todo el cuerpo , estamos aquí para vivir y acompañarnos unos a otros a vivir, hagamos de la compañía la razón para estar aquí, compartiendo un planeta.


Estamos en este planeta, viviendo una experiencia en un cuerpo, las sensaciones son lo que teje nuestra vida, y vamos creciendo alejados de lo que sentimos,  y así vamos “viviendo" en la extraña enseñanza de alejarnos de nuestras sensaciones, negandonos la cercanía con nosotros mismos y con los otros, por que estar cerca implica SENTIR y en la sociedad como la hemos construido para "estar bien" la vida tiene que ocurrir en un "no pasa nada" y para ello hay que estar adormecidos, separarnos de nuestra naturaleza más primaria:  SENTIR.


Para qué tenemos una vida, un cuerpo, con un potencial inagotable para sentir, para qué compartimos un planeta con otros seres humanos con toda esa potencia también, si no es para sentir y hacernos compañía sintiendo.

Los seres humanos necesitamos volver a encontrarnos, a nosotros mismos y al otro, para encontrarnos es necesario volver a  SENTIR-NOS, MIRAR-NOS  a los ojos y eso implica estar con el corazón a la misma altura, abrirnos a parar la lucha con nuestra naturaleza que es sentir, y entonces VIVIR Y PERMITIR QUE EL OTRO VIVA.


Madres y padres tenemos la oportunidad de vivirnos aprendiendo a desaprender a lado de los seres más naturales y salvajes que están a lado nuestro, nuestros hijos e hijas.


Te atreves?

No, no tenemos referentes externos, el único referente eres tu misma, tu mismo, pero si hay compañeros de viaje, esos ojos que te miran y no juzgan si eres buen padre o madre, esos cuerpos que nos toman de la mano con toda la confianza de que somos sus compañeras y compañeros, ellos no dudan, ellos confían, los niños no necesitan aprender a ser niños ni adultos, ellos SON y nos han venido a recordar como SER SERES HUMANOS.




Texto escrito por Lila Guerrero
Madre, doula y gestora general de COmadres. 













Agradezco profundamente la compañía de Carles Company en este recordar que la vida es puro movimiento, es puro sentir, puedes conectar con Carles y su acompañamiento en: La bendición de la inseguridad

Y con su continuidad de esta práctica en México en: presenciabiodinamica.mx

9 de octubre de 2015

Sostén emocional en el puerperio


Mi primer encuentro con Laura Gutman, la maternidad y la sombra. 

Hace aproximadamente siete años conocí los libros de Laura Gutman, “La maternidad y el encuentro con la propia sombra” fue el primero que llegó a mis manos. En esos días Laura Cao Romero nos convocó a varias mujeres, con hijos pequeños, para irnos formando como acompañantes de otras mujeres en el puerperio, las mujeres que ahí comenzamos a reunirnos teníamos varias inquietudes provenientes de nuestro proceso de devenir madres. 

Por mi parte aquella idea me parecía totalmente oportuna pues mi experiencia, sobre todo con mi primera hija había sido intensa, amorosa, incomprensible, angustiosa, todo junto a la vez, así que comencé a asistir a aquellas reuniones en donde nos comenzamos a preguntar desde dónde acompañaríamos a otras mujeres. En ese contexto leí a Laura Gutman, aquel texto me ayudaba a comprender lo que en esos más de dos años había estado viviendo, sintiendo, preguntándome. 

En una de nuestras reuniones llevé el tema de maternidad y la sombra, fue un texto lleno de párrafos casi textuales de los planteamientos de Gutman, conceptos nuevos o re-significados para . Ahora retomo aquel texto y quisiera agregar, ponderar aquello que fue cobrando sentido en ese nuevo andar como mujer y como madre. 

Karla Arteaga, madre. 



                             Foto archivo personal 


Devenir Madre 


La única que sabe (a veces sin saber que sabe), es la madre. Por eso la principal ayuda consiste en ayudarla a aceptar y valorar sus necesidades y su intuición para tomar decisiones con respecto a la crianza de su bebé. 
El mundo anda a velocidad luz mientras las madres se sumergen en las tinieblas del recogimiento, conservando las redondeces y reclamando silencio.  

La madre pone toda su energía en el cuidado del niño, no tiene resto para sí misma, ya que la crianza está consumiendo toda su energía.   



Algo que me pasó durante y después del puerperio es que ya no sabía quién era ahora, así que me identifiqué cuando Gutman habla que la mujer después del parto pierde su identidad, sus lugares de referencia, en algunas ocasiones su lugar de trabajo, su tiempo de ocio, algunas amistades, su libertad personal. Se siente agotada y muchas veces no se le ocurre pedir ayuda en ese sentido, descubre que el bebé, además de la leche, succiona algo más intangible. 

En este devenir madre puede darse una confusión entre el ideal de madre dictado desde el afuera, el ideal de madre que se ha planteado la propia mujer y la presencia de emociones, sentimientos que desconciertan por no ser reconocidos y aceptados, a esto último Gutman le llama la sombra, basándose en los planteamientos teóricos del psicoanalista Carl Jung. 

Para Gutman la sombra es todo lo que el individuo no puede reconocer de sí mismo. La sombra nos angustia; por eso la rechazamos constantemente. La sombra nos enferma, la enfermedad es una parte de la sombra que se introduce en la materia, indicando “lo que me falta, lo que rechacé, lo que olvidé, lo que desprecié”. 

Es importante mencionar que un síntoma siempre se anuncia primero en la mente, bajo la forma de idea, deseo, fantasía, temor. Sólo cuando no es tenido en cuenta reaparece en el plano material, en el cuerpo, de ahí la importancia de reconocer y aceptar la sombra. 

Así como los adultos necesitamos la enfermedad para materializar y comprender con mayor precisión nuestro desequilibrio, los bebés y niños pequeños funcionan también como espejo de la desarmonía de los mayores con los que están en relación fusional. El cuerpo se constituye en una apertura emocional y espiritual tal que permite manifestar las partes de la sombra de la mamá que ella esté dispuesta a elevar a su conciencia.  




Podemos afirmar que buscar la salud del niño pequeño equivale a liberarlo de la sombra de su madre. Para esto es indispensable que las madres comiencen a cuestionarse con mayor humildad en lugar de relatar cómodamente las enfermedades de sus hijos, como si fueran ajenos a su propio entender emocional. 

Laura nos plantea también que la sombra se manifestará más intensamente en la medida de que existan más asuntos internos por resolver, por ejemplo si nos da temor asomarnos al mundo adulto y parimos desde un estado infantil, el bebé real tiene que ver poco con el bebé imaginado, soñado o fantaseado desde el cuento de hadas que nos han contado desde niñas. Y la realidad nos aborda con un bebé que llora sin parar, que ensucia los pañales, que no se prende al pecho, que es muy delgado, o muy largo, o muy ancho, que no se conecta, que es demasiado inquieto, que no me hace quedar bien frente a las visitas, o no me deja en paz, o no se parece a nadie.  

Sea lo que fuere es diferente de lo esperado. Es profundamente desconocido. Eso es un recién nacido: la manifestación organizada de la propia sombra, es decir, de todo lo que rechazo, desconozco o me duele de mi profundísimo ser esencial. 

Los largos nueve meses nos permiten prepararnos para la ruptura del cuerpo físico y el quiebre del alma. Esta crisis será aprovechada en la medida en que estemos dispuestas a mirar las partes oscuras o temidas de nuestro “yo soy”. 

Laura propone la existencia de redes sociales que contengan a la mujer recién vuelta madreCada mujer está muy sola con su situación: la restructuración emocional por el nacimiento del hijo, la falta de red social, el varón como único interlocutor y los mandatos sociales que manejan los hilos de las decisiones personales y familiares. 



Sostén emocional en el puerperio

Nuestra sociedad está apurada “por volver a la normalidad”.  Se quiere que la mamá “vuelva a ser la de antes”, que adelgace rápido, que abandone la lactancia, que retorne al trabajo, que luzca espléndida… en fin, que esté a tono con los tiempos que vivimos.   





De manera lamentable, hoy en día se considera el parto como un acto puramente corporal y médico. Un trámite que, con cierta manipulación, anestesia para que la parturienta no sea un obstáculo, drogas que deciden cómo y cuándo programar la operación, y un equipo de profesionales que trabajan coordinados, puedan sacar al bebé corporalmente sano y felicitarse por el triunfo de la ciencia. 

Esta modalidad está tan arraigada en nuestra sociedad que las mujeres ni siquiera nos cuestionamos ¿si fuimos actrices de nuestro parto o meras espectadoras?¿Si fue un acto íntimo, vivido desde la más profunda animalidad, o si cumplimos con lo que se esperaba de nosotras? 

El parto no es una enfermedad para curar. Es el pasaje a otra dimensión. Perdemos noción del tiempo y del espacio. Para entrar en el túnel de la ruptura es indispensable dejar mentalmente el mundo concreto. Parir es pasar de un estadio a otro. Es un rompimiento espiritual. Y como todo rompimiento duele.  

En este punto la mujer se siente con la sensación de un gran desamparo afectivo. Se sabe querida, sin embargo experimenta un vacío indescriptible que le impide sostenerse. Se percibe así misma inmensamente sola; su estado de ánimo es frágil aunque en apariencia reina la felicidad familiar. 



El varón ahora hace un esfuerzo por satisfacerla, pero el abordaje resulta infructuoso, ya que ese sostén emocional del varón hacia la mujer no ha sido construido con anterioridad. 

Aquí se juega una de las bisagras fundamentales; la función primordial masculina en la constitución de la familia es el sostén emocional de la mujer. Y la función femenina es el sostén emocional de los hijos, sobre todo en los primeros años. 

Facilitar la fusión mamá-bebé, permitirla y defenderla. Para que una mamá esté en condiciones de sumergirse en la fusión, necesita despojarse de todas las preocupaciones materiales y mundanas. Las tareas domésticas, el cuidado de hijos mayores, la organización del hogar, los conflictos con otras personas, las relaciones interfamiliares, la salida al mundo y las decisiones mentales deben ser resueltas por el varón, tomando decisiones pertinentes para liberar a la madre  del reino de lo terrestre. 

Defender la fusión del mundo exterior, apabullados por los consejos, las críticas, los sermones que circulan acerca de lo que “hay que hacer”. Resguardar el nido. Ser un intermediario entre el mundo exterior y el mundo interno.  

Apoyar activamente la introspección, es decir, permitir que la mamá explore la apertura de su sombra. El apoyo y el acompañamiento afectuoso permitirá a la madre no asustarse de sus partes ocultas. 

Proteger, esto se refiere principalmente a lo económico. El varón conserva espacio psíquico disponible para tomar decisiones, para buscar ayuda, organizar el funcionamiento familiar y resolver cuestiones del mundo material. Aceptar y amar a su mujer. No es tiempo de discusión. Es tiempo de aceptación y observación. Es tiempo de contemplación sobre como suceden las cosas. 

La presencia de una Doula 


Doula  es una palabra que proviene del hindi. Así se llaman a las mujeres experimentadas que se instalan durante el puerperio en casa de una mujer que ha dado a luz, para acompañarla, instruirla en su nueva tarea de ser madre y sostenerla afectivamente.   


La doula debe asistir prioritariamente el mundo interno de la madre, que explota sin parámetros conocidos, y además ordena y colabora en el mundo externo que se vuelve caótico. Por sobre todo ofrece sostén, apoyo, escucha, contención y solidaridad. Valoriza todas  las sensaciones y considera la historia personal de cada madre, la experiencia del parto, la realidad familiar y social, el nivel de desarrollo personal, etcétera, para que cada madre, se encuentre en mejores condiciones de sostener al niño recién nacido.  

Es importante hacer hincapié en que la doula asiste a la madre y no al niño. La doula no interfiere en la díada; al contrario, la posibilita, la protege y acuna a ambos. 

Para convertirse en doula es imprescindible tener suficientemente trabajados los aspectos personales referidos al maternaje. También una gran capacidad de escucha y generosidad, ya que la doula está al servicio de cada madre y de su mundo emocional particular. No defiende ninguna idea preconcebida ni da consejos, sino apenas una visión fresca del manejo de los vínculos dentro de la familia, todo esto es una doula. 

Texto escrito por: 
Karla Arteaga, COmadre

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