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21 de julio de 2016

Mamá, a qué hora te vas?

7 años con nueve meses para escucharla decirme: "¿Mamá, a qué hora te vas?"

María termina su primer año en la primaria, con las manos llenas de trabajos, dibujos, obras de arte llegamos a casa de su abuela,  mi corazón celebrando su cierre en este primer año escolar, la abuela, la nieta y la madre nos fuimos a comer, esa noche mi hija iba a quedarse de pijamada con su abuela, yo agotada de un mes lleno de actividad con el cierre de año pero además con el cambio de escuela que habíamos decidido meses antes pues su actual escuela nos queda lejos de casa y los traslados se han vuelto realmente agotadores.


María feliz de cerrar su primer año pero triste al mismo tiempo por despedirse de sus amigas y amigos, de su maestra que tanto quiere, de su escuelita que la acompañó a leer y a comenzar hábitos escolares, ella me ha articulado su enojo conmigo por no dejarla en su escuela, lo hemos hablado pero ella esta molesta y en sus propias palabras me lo dijo, eres la persona en quien mas confío en el Mundo, y cuando me siento enojada y no sé que hacer, me enojo contigo por que confío en ti, así que ella esta enojada y lo muestra conmigo.


En cuanto doy el último bocado del plato, me dice: a qué hora te vas mamá? y yo le digo:pronto María, pronto, ella me replica: no, ya vete por favor.


Me quedo helada, y le pregunto: estás molesta? quieres hablar? ...

Y María me dice: No mamá, quiero que te vayas.

Me quedo con un nudo en la garganta sin mucho que decir, sólo diciendo: entiendo que quieres estar a solas con la abuela pero con calma, ya me voy.





Me despido de ellas, ambas con sonrisas y complicidad de disfrutar su tiempo a solas, yo con un nudo en la garganta y en el corazón, llego al encuentro con mi compañero y padre de mi hija, hemos esperado semanas por una tarde de novios, por una escapada a solas, yo le abrazo y comienzo a contarle la anécdota de la tarde, le cuento la ansiedad de mi niña por que me fuera, y luego un silencio que me permite escucharme y entonces articulo en palabras el miedo que se ha despertado, tal vez estaba ahí desde hace años, tal vez desde que María nació, tengo miedo que me deje de querer...




Comienzo a llorar como una niña chiquita sin consuelo, y mi compañero me abraza me dice que eso no pasará, pero no hay consuelo ante esas palabras, solo el miedo a que mi niña no me necesite más, a dejar de ser el centro de su universo, a dejar, a soltar, a permitir que ella sea...


Y así María y yo comenzamos una nueva etapa de amor, en la que ella se siente lista para que yo no esté siempre, con la autonomía de compartir y repartir su amor con otras personas, por que yo su mamá, soy su mamá, pero ella requiere de más personas para experimentar el afecto, de tiempos donde sienta que recibe amor y comparte vida con más personas que su mamá.



Pero acaso no la críe  con vínculo y contención de bebé para que ella se sintiera segura de mi amor? ahora soy yo la que duda, la que se pregunta, la que llora por su ausencia.


Recuerdo todavía esos primeros días a su lado, ella pequeñita necesitando de mis brazos, de mis pechos, de mi calor, ese llanto en cuanto la ponía en la cama, esas mañanas y tardes eternas mirando por la ventana pensando que nunca iba a terminar la cuarentena, la maternidad, el encierro, añorando el momento en el que pudiera estar sola , recuerdo el llamado incesante de MAMÁAAAA...


Ahora mi propia niña me ha pedido que me vaya, que la deje a solas tejerse en sus relaciones, y en silencio me doy cuenta de mi miedo, de mi llanto, este llanto no es el de su mamá, es el de mi yo bebé, mi yo niña llorando por el miedo a que me dejen de querer, algo dentro me pide escucharme, no echar encima de María mis ausencias de cariño, mis faltas, mis necesidades de afecto, he cuidado a esta hermosa hada, le he cuidado unas alas para volar, le he cuidado para que VIVA, y se bien que el vivir no siempre será a mi lado, el mayor porcentaje de su vida se tejera muchas veces lejos de mi cuerpo.





Así que tomo aliento y dentro de mi digo:  vuela alto preciosa, VIVE VIVE VIVE, honra esta preciosa vida que llevas palpitante dentro, VIVIENDO, mirare tus vuelos altos y hermosos y me tocará celebrarlos, y otras veces tal vez no pueda siquiera mirarlos, me tocará escuchar los relatos de tus aventuras y tu vuelos, y un día si la vida nos lo permite te miraré amar y querer cuidar con tanta pasión la vida, el alma y el cuerpo de otras personas, te miraré llorar por que tal vez alguien no corresponda a ese amor que tu des, te miraré celebrar el que si te correspondan, y veré como haces tus maletas para tejer nuevas aventuras fuera de este nido, mis brazos y nuestra casa, para verte construir tus nidos y tus a-brazos, se bien que el ahora me muestra como amar sabiendo que nada me pertenece, que el que necesites cada vez un poco menos de mi presencia nos hace bien a ambas, tus alas no merecen las jaulas de un supuesto amor, mereces el amor que deja volar. 


Y una vez más la presencia y el ser como es de María, me muestra algo que en mi duele y que no tiene que ver con nuestro amor, tiene que ver con algo muy viejo, el dolor a que no me quiera no es suyo, es mío, es de mi historia de vida pasada y añeja, el miedo no es amor, así que libero ese miedo en estas letras, ese miedo a no sentir el cariño, hemos caminado estos siete años juntas para no necesitarnos...


Y es que esta es la paradoja de la crianza con vínculo, NO CON APEGO, el vínculo se extiende, se expande, el apego se pega, se hace pegajoso, se nutre de la necesidad, el vínculo se nutre del dinamismo del AMOR.


Criamos con vínculo para permitir que el amor se expanda, cuando María era bebé, no podía verlo, no sabía lo que unos años después nos depararía la vida, le crié de bebé cerquita mío, pegadita piel con piel, con teta, con salivas, con besos, con lagrimas, con fluidos lácteos, con masajes, con tiempos juntas que parecían eternos, cuerpo a cuerpo, pidiendo un ratito a solas, y ahora me viene la paradoja, le críe cerca para dejarle ir de poquito a poco , como un hilo invisible que cada vez se extiende más y más, le críe con vínculo para que poco a poco y debo reconocer que casi sin darme cuenta, la seguridad de este nuestro amor  le permitiera decirme: mamá, a qué hora te vas?, me enojo contigo por que eres la persona en quien mas confío en el mundo...



He dejado desde hace un rato de ser el centro del universo de mi hija, la hermosa maestría emocional que nos regala la maternidad, este constante flujo vital, en el que permites la vida para dejarla vivir, la maternidad nos regala la oportunidad de encarnar el principio de LA MADRE VIDA, MADRE TIERRA, en nosotras las madres se experimenta el centro vital de la creación, en nuestros vientres permitimos la vida, la gestamos, la alimentamos, le permitimos nacer, la cuidamos, le procuramos lo necesario para que crezca fuerte y cuando toma fuerza le damos el espacio necesario para que VIVA, ser madre es estar en un constante pulso de expansión-contracción-expansión, en una apertura y cierre del ciclos incensante, es el permitirnos vivir y que se viva, es el disponer el cuerpo, el alma, las emociones a vivir, por que vivir es amor y el amor no se somete, no se retiene, así que, si hijita, de poco a poco me voy, por que la vida también me esta llamando a mi, y la paradoja es esa, mi amor siempre esta contigo por que la vida, tu vida, te pertenece, y en esa vida que vivimos, el latido del amor, de mi presencia viajan contigo.


Yo siempre seré tu mamá, este o no físicamente cerca, ya dentro de ti, vivo yo y tu en mi, así que honremos la vida, el amor y VIVAMOS.



Texto escrito por : 
Lila Guerrero
Madre, doula, artista escénica, autora y gestora general de COmadres.
Sesiones personalizadas de acompañamiento posparto.
Contacto: lilaromeroguerrero@gmail.com 



18 de mayo de 2016

Esfínteres: control y autoritarismo. Por Laura Gutman

Si estuviéramos en una isla desierta con nuestros niños, y contempláramos al bebé humano, con la misma celeridad con la que observamos a los animales, constataríamos que el control de esfínteres real se produce mucho más tardíamente de lo que nuestra sociedad occidental tiene ganas de esperar. Lamentablemente, en lugar de examinar cuidadosamente cómo suceden las cosas, elaboramos teorías que luego pretendemos imponer esperando que funcionen.




Hemos impuesto a los niños el control de esfínteres alrededor de los dos años de edad, con lo que este tema se ha convertido en todo un problema. Si observáramos sin prejuicios el proceso natural, estaríamos ante la evidencia de que los niños humanos la realizan después de los tres años, algunos después de los tres años y medio, o incluso después de los cuatro años. ¡Qué importa!

Sin embargo los adultos -sin pedir permiso a los niños- ¡Les sacamos los pañales mucho antes! Esto significa que les arrebatamos el sostén, la contención, la seguridad, el contacto, el olor, agregándoles la exigencia de una habilidad para la cual no están aún maduros. Que el niño nombre “pis” o caca” no significa que cuente con la madurez neurobiológica para controlar dicha función.

Sacar los pañales porque “llegó el verano”, decidir que ya tiene dos años y tiene que aprender, responde a la incomprensión de la especificidad del niño pequeño y de la evolución esperable de su crecimiento. Cabe preguntarnos porqué los adultos estamos tan ansiosos y preocupados por la adquisición de esta habilidad, que como otros aspectos en el desarrollo normal de los niños, llegará a su debido tiempo, es decir cuando el niño esté maduro.

Controlar esfínteres no se aprende por repetición, como leer y escribir. Se adquiere naturalmente cuando se está listo, como la marcha o el lenguaje verbal.

Ahora bien, si no estamos dispuestas a rendirnos ante la sabiduría del tiempo interno de cada niño, las mamás lucharemos contra los pis que se escapan, las bombachas y calzoncillos mojados, las sábanas y colchones al sol, los pantalones interminables para lavar, mientras acumulamos rencor, hastío y mal humor en la medida que creamos que nuestros hijos “deberían haber ya aprendido”. En cambio, si dejamos a los niños en paz, después de los tres años, o cerca de los cuatro años, (sin olvidar que cada niño es diferente) simplemente un día estará en condiciones de reconocer, retener, esperar, ir al baño, sin más trauma y sin más vueltas que lo que es: controlar con autonomía los esfínteres.

A mi consultorio llegaron durante años niños con problemas de enuresis de 5, 6, 7, 8 años e incluso de mayor edad. La mayoría de ellos, se hacen pis sólo de noche, mientras duermen. Invariablemente les han sacado los pañales alrededor de los dos años. Los casos de enuresis son muy frecuentes, pero habitualmente no nos enteramos porque de eso no se habla. Total quedan como secretos de familia. He comprobado que cuando las mamás aceptan mi sugerencia de volver a ponerles pañales (caras de horror), los niños los usan el mismo lapso de tiempo que hubiesen necesitado desde el momento en que se los sacaron hasta que hubiesen podido controlar esfínteres naturalmente. Como si recuperaran exactamente el mismo tiempo que les fue quitado. Y luego, sencillamente se acaba el “problema”. Hay padres que opinan que “es contradictorio volver a poner un pañal una vez que se tomó la decisión de sacarlo”. En realidad en la vida probamos, y damos marcha atrás si es necesario y saludable. Simplemente diremos: “creí que estabas listo para controlar los esfínteres, pero obviamente me equivoqué. Te voy a poner el pañal para que estés cómodo, y cuando seas un poco mayor, estarás en mejores condiciones para lograrlo”. Es sólo sentido común. Se alivian las tensiones y finalmente el control de esfínteres se encausa.

Los niños -frente a la demanda de los adultos- hacen grandes esfuerzos para controlar sus esfínteres, pero ante cualquier dificultad emocional -por pequeña que sea- se derrumba el esfuerzo desmesurado y se escapa el pis. Luego vienen las interpretaciones: “me tomó el tiempo”, “me lo hace a propósito”, “él sabe controlar pero no quiere”.


Entiendo la presión social que sufrimos las mamás. Hay jardines de infantes que no aceptan niños en salas de tres años con pañales. Hay pediatras, psicólogos, y otros profesionales de la salud, además de suegras, vecinas y amigos bienintencionados que opinan y se escandalizan. Pero es posible sortearla con un poquito de imaginación: los pañales son descartables, baratos y anatómicos, lo que les permite a los niños ir a jugar, ir a un cumpleaños, al jardín, sin tener que pasar por la humillación de mojarse en todos lados. Hay quienes no quieren ir al jardín a causa de la probabilidad de hacerse pis. Otros se vuelven tímidos, otros especialmente agresivos mojando cuanta alfombra encuentran a su paso.

Por otra parte, hacer “pis” no es lo mismo que desprenderse de la “caca”. Muchos niños que controlan perfectamente el pis, piden el pañal para hacer caca. Es importante que les ofrezcamos lo que están pidiendo, porque nadie pide lo que no necesita. ¿Cuál es el motivo para negárselo?

Yo espero humildemente que alguna vez nos demos cuenta del grado de violencia que ejercemos contra los niños, envueltos en exigencias que no pueden satisfacer y que se transforman luego en otros síntomas (angustias, terrores nocturnos, llantos desmedidos, enfermedades, falta de interés) que hemos generado los adultos sin darnos cuenta.

Acompañar a nuestros hijos es aceptar los procesos reales de maduración y crecimiento.
Y si sentimos rechazo por algún aspecto, entonces preguntémosnos qué nos pasa a nosotros con nuestros excrementos, nuestros genitales y nuestras zonas bajas que nos producen tanto enojo. Dejémoslos crecer en paz. Alguna vez, cuando sea el momento adecuado controlarán sus esfínteres naturalmente, así como una vez pudieron reptar, gatear, caminar, saltar, trepar y ser hábiles con sus manos. No hay nada que modificar, salvo nuestra propia visión.

Laura Gutman.

Y para seguir leeyendo sobre el tema, les dejamos unos enlaces, el primero es una relfexión de una psicóloga sobre este tema, y los dos últimos son un método que propone el control a temprana edad.  Recuerden, estas decisiones son de cada díada (MamáBebé), no son la verdad absoluta, pues el único que sabe de verdades es el corazón de cada mamá y por cierto es muy sabio.  Espero les sea de ayuda y compañía.
La COmadre Lila 



El control temprano de los esfínteres (Método)


Elmo va al baño, un video lúdico que nos ayuda sobre todo a padres y madres a generar ideas y procesos creativos para acompañar a l@s hij@s en su aprendizaje a ir al baño.



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