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25 de febrero de 2015

Declaración sobre el llanto de los bebés

"Cuando un recién nacido aprende en una sala de nido que es inútil gritar... está sufriendo su primera experiencia de sumisión."  
Michel Odent.



Hombres y mujeres, científicas y profesionales que trabajamos en distintos campos de la vida y del conocimiento, madres y padres preocupados por el mundo en el que nuestros hijos e hijas van a crecer, hemos creído necesario hacer la siguiente declaración:

Es cierto que es frecuente que los bebés de nuestra sociedad Occidental lloren, pero no es cierto que sea normal. Los bebés lloran siempre por algo que les produce malestar: sueño, miedo, hambre o, lo más frecuente y que suele ser causa de los anteriores, la falta del contacto físico con su madre u otras personas del entorno afectivo. 

El llanto es el único mecanismo que los bebés tienen para hacernos llegar su sensación de malestar, sea cual sea la razón del mismo; en sus expectativas, en su continuum filogenético no está previsto que ese llanto no sea atendido, pues no tienen otro medio de avisar sobre el malestar que sienten ni pueden por sí mismos tomar las medidas para solventarlo.

El cuerpo del bebé recién nacido está diseñado para tener en el regazo materno todo cuanto necesita, para sobrevivir y para sentirse bien: alimento, calor, apego. Por esta razón, no tiene noción de la espera, ya que estando en el lugar que le corresponde, tiene a su alcance todo cuanto necesita. El bebé criado en el cuerpo a cuerpo con la madre desconoce la sensación de necesidad, de hambre, de frío, de soledad, y no llora nunca. Como dice la norteamericana Jean Liedloff, en su obra "El Concepto del Continuum", el lugar del bebé no es la cuna ni la sillita ni el cochecito, sino el regazo humano. Esto es cierto durante el primer año de vida y los dos primeros meses de forma casi exclusiva (de ahí la antigua famosacuarentena de las recién paridas). Más tarde, los regazos de otros cuerpos del entorno pueden ser sustitutivos durante algún rato. El propio desarrollo del bebé indica el fin del periodo simbiótico: cuando se termina la osificación y el bebé empieza a andar. Entonces, empieza poco a poco a hacerse autónomo y a deshacerse el estado simbiótico.

La verdad es obvia, sencilla y evidente.
El bebé lactante toma la leche idónea para su sistema digestivo y además puede regular su composición con la duración de las tetadas, con lo cual el bebé criado en el regazo de la madre no suele tener problemas digestivos.

Cuando la criatura llora y no se le atiende, llora con más y más desesperación porque está sufriendo. Hay psicólogos que aseguran que cuando se deja sin atender el llanto de un bebé más de tres minutos, algo profundo se quiebra en la integridad de la criatura, así como la confianza en su entorno.

Los padres, que hemos sido educado en la creencia de que es normal que los niños lloren y de que hay que dejarles llorar para que se acostumbren y que, por ello, estamos especialmente insensibilizados para que su llanto no nos afecte, a veces no somos capaces de tolerarlo. Como es natural si estamos un poco cerca de ellos, sentimos su sufrimiento y lo sentimos como un sufrimiento propio. Se nos revuelven las entrañas y no podemos consentir su dolor. No estamos del todo deshumanizados. Por eso, los métodos conductistas proponen ir poco a poco, para cada día aguantar un poquito más ese sufrimiento mutuo. Esto tiene un nombre común, que es la administración de la tortura, pues es una verdadera tortura la que infligimos a los bebés, y a nosotros mismos, por mucho que se disfrace de norma pedagógica o pediátrica.

Varios científicos estadounidenses y canadiense (biólogos, neurólogos, psiquiatras, etc.), en la década de los noventa, realizaron diferentes investigaciones de gran importancia en relación a la etapa primal de la vida humana. Demostraron que el roce piel con piel, cuerpo a cuerpo, del bebé con su madre y demás allegados produce unos moduladores químicos necesarios para la formación de las neuronas y del sistema inmunológico. En definitiva, que la carencia de afecto corporal trastorna el desarrollo normal de las criaturas humanas. Por eso los bebés, cuando se les deja dormir solos en sus cunas, lloran reclamando lo que su naturaleza sabe que les pertenece.

En Occidente se ha creado en los últimos 50 años una cultura y unos hábitos, impulsados por las multinacionales del sector, que elimina este cuerpo a cuerpo de la madre con la criatura y deshumaniza la crianza. Al sustituir la piel por el plástico y la leche humana por la leche artificial, se separa más y más a la criatura de su madre. Incluso se han fabricado intercomunicadores para escuchar al bebé desde habitaciones alejadas de la suya. El desarrollo industrial y tecnológico no se ha puesto al servicio de las pequeñas criaturas humanas, llegando la robotización de las funciones maternas a extremos insospechados.

Simultáneamente a esta cultura de la crianza de los bebés, la maternidad de las mujeres se medicaliza cada vez más; lo que tendría que ser una etapa gozosa de nuestra vida sexual, se convierte en una penosa enfermedad. Entregadas a los protocolos médicos, las mujeres adormecemos la sensibilidad y el contacto con nuestros cuerpos, y nos perdemos una parte de nuestra sexualidad: el placer de la gestación, del parto y de la exterogestación, lactancia incluida. Paralelamente las mujeres hemos accedido a un mundo laboral y profesional masculino, hecho por los hombres y para los hombres, y que por tanto excluye la maternidad; por eso la maternidad en la sociedad industrializada ha quedado encerrada en el ámbito privado y doméstico. Sin embargo, durante milenios la mujer ha realizado sus tareas y sus actividades con sus criaturas colgadas de sus cuerpos, como todavía sucede en las sociedades no occidentalizadas. La imagen de la mujer con su criatura tiene que volver a los escenarios públicos, laborales y profesionales, so pena de destruir el futuro del desarrollo humano.

A corto plazo parece que el modelo de crianza robotizado no es dañino, que no pasa nada, que las criaturas sobreviven; pero científicos como Michel Odent (1999 y www.primal-health.org), apoyándose en diversos estudios epidemiológicos, han demostrado una relación directa entre diferentes aspectos de esta robotización y las enfermedades que sobrevienen en la edad adulta. Por otro lado, la violencia creciente en todos los ámbitos tanto públicos como privados, como han demostrado los estudios de la psicóloga suizo-alemana Alice Miller (1980) y del neurofisiólogo estadounidense James W. Prescott (1975), por citar sólo dos nombres, también procede del maltrato y de la falta de placer corporal en la primera etapa de la vida humana. También hay estudios que demuestran la correlación entre la adicción a las drogas y los trastornos mentales, con agresiones y abandonos sufridos en la etapa primal. Por eso, los bebés lloran cuando les falta lo que se les quita; ellos saben lo que necesitan, lo que les correspondería en ese momento de sus vidas.

Deberíamos sentir un profundo respeto y reconocimiento hacia el llanto de los bebés, y pensar humildemente que no lloran porque sí, o mucho menos, porque son malos. Ellas y ellos nos enseñan lo que estamos haciendo mal.
También deberíamos reconocer lo que sentimos en nuestras entrañas cuando un bebé llora; porque pueden confundir la mente, pero es más difícil confundir la percepción visceral. El sitio del bebé es nuestro regazo; en esta cuestión, el bebé y nuestras entrañas están de acuerdo, y ambos tienen sus razones.

No es cierto que el colecho (la práctica de que los bebés duerman con sus padres) sea un factor de riesgo para el fenómeno conocido como muerte súbita. Según The Foundation for the Study of Infant Deaths, la mayoría de los fallecimientos por muerte súbita se producen en la cuna. Estadísticamente, por lo tanto, es más seguro para el bebé dormir en la cama con sus padres que dormir solo (Angel Alvarez www.primal.es).

Por todo lo que hemos expuesto, queremos expresar nuestra gran preocupación ante la difusión del método propuesto por el neurólogo E. Estivill en su libro "Duérmete Niño"(basado a su vez en el método Ferber divulgado en Estados Unidos), para fomentar y ejercitar la tolerancia de los padres al llanto de sus bebés. Se trata de un conductismo especialmente radical y nocivo teniendo en cuenta que el bebé está aún en una etapa de formación. No es un método para tratar los trastornos del sueño, como a veces se presenta, sino para someter la vida humana en su más temprana edad. Las gravísimas consecuencias de este método, han empezado ya a ponerse de manifiesto.

Necesitamos una cultura y una ciencia para una crianza acorde con nuestra naturaleza humana, porque no somos robots, sino seres humanos que sentimos y nos estremecemos cuando nos falta el cuerpo a cuerpo con nuestros mayores. Para contribuir a ello, para que tu hijo o tu hija deje de sufrir YA, y si te sientes mal cuando escuchas llorar a tu bebé, hazte caso; cógele en brazos para sentirle y sentir lo que está pidiendo. Posiblemente sólo sea eso lo que quiere y necesita, el contacto con tu cuerpo. No se lo niegues.



19 de febrero de 2015

Todos crecemos juntos...

Hemos crecido, a mi hija María le gusta mucho su  tiempo en la escuela, con sus amigas, en el club, con su papá, en fin, tiempos en donde ella puede seguir experimentando y yo no necesariamente estoy presente físicamente, por que me ha explicado que hay un hilo invisible que conecta su corazón con el mío, y algo dentro mío sabe que es real y que ella de verdad lo cree, no por que yo lo haya repetido mucho, si no por que el tiempo que ha necesitado de mi presencia full time lo ha tenido, es curioso, por que pareciera que mientras más clara sienten tu escucha y compañía su corazón se va expandiendo con confianza para seguir tejiendo vínculos con la vida, que esa confianza en el amor que se ha tejido entre la dos, se puede expandir hacia otros seres humanos, y hacia otras relaciones.


Recuerdo que cuando ella nació, me conmovía mucho cuando nos encontrábamos piel con piel y ella me miraba como si yo fuese el todo, como si no hubiera nada más , como si la única forma de conocer al mundo fuese a través de mi, y ahora que hemos crecido juntas, me doy cuenta de que María también vino a mostrarme el mundo a través de ella, vino a mostrarme la confianza en la vida.

Cuando digo que hemos crecido juntas me refiero a que de verdad lo hemos hecho, y un texto de Cristina Romero de su libro Pintará los soles de su camino, lo dice muy bien, pues pareciera que son nuestros hijos los que crecen y si nos lo permitimos el SER humano en nosotros esta creciendo también con ellos.

Y después de poco más de seis años que por primera vez los preciosos y redondos ojos morenos de María me miraron, puedo decir que hemos crecido, hoy yo no soy ya todo el mundo de mi niña, y me llena de alegría, por que se que su corazón esta impregnado del infinito amor que nos sentimos,  y que esta relación que cada vez se expande más, me regala de nuevo la oportunidad de afirmar la confianza en la vida, pues ella crece y sus relaciones con ella, su necesidad de espacios sin mi, su necesidad de retos y exploraciones y en medio de un suspiro que aveces se me atora en la garganta, sigo respirando la confianza en la vida que mi hermosa hija me ha venido a develar y lo sigue haciendo.

Comparto un fragmento de una mis lecturas favoritas que en  momentos de desconfianza me ha acompañado con mucha suavidad y me ayuda a recordar esa paz en la vida.





Conéctate con tus hijos 
de corazón a corazón.
Deja que te miren a ti, a
los árboles, el agua y el cielo. Deja que
sientan dolor, Siéntelo con ellos.

Tócalos con tus manos, tus ojos y tu corazón.
Permite que se vinculen al mundo viviente y palpitante.
Permite que perciban sus
sentimientos y enséñales los nombres que
poseen.

Regresa a la sencillez elemental.

Fragmento del poema "Regreso" del libro El tao de la maternidad de Vimala Mc Clure

16 de febrero de 2015

Mitos y realidades de la lactancia materna

Dr. Horacio Reyes Vázquez



Pocos temas científicos tienen tantos mitos tanto en la población en general  como dentro del mismo personal de la salud, como la lactancia materna.  Mitos que muchas veces llevan a terminar el proceso de la alimentación al pecho  y en otras ocasiones preocupan enormemente a las madres.

A continuación se presentan los mitos más frecuentes y se señalan la realidad  para cada uno de ellos.


MITO
Amamantar frecuentemente nos lleva a baja producción de leche.

REALIDAD
La producción de leche aumenta mientras mas seguido se alimente al bebé.


MITO
La madre solo necesita amamantar 4 a 6 veces al día para mantener una buena producción de leche.

REALIDAD
Amamantar 8 a 12 veces al día durante las dos primeras semanas aumenta la producción de leche. La producción de leche esta en relación con la  frecuencia con la que se amamanta.


MITO
Los bebes obtienen toda la leche que necesitan en los primeros 5 a 10 minutos.

REALIDAD
Los recién nacidos que están aprendiendo necesitan mas tiempo para comer  15 a 30 minutos. 
Lo mejor es permitir al bebé succionar hasta que muestre  signos de saciedad como que se retire solo del pecho y relaje sus piernas y brazos.


MITO
La madre que amamanta debe espaciar las tomas para dar tiempo a que sus pechos se vuelvan a llenar.

REALIDAD
El cuerpo de la madre que amamanta siempre esta produciendo leche, entre mas vacío este el pecho, mas rápido produce leche para reemplazarla. Si una madre constantemente espera a que sus pechos se llenen antes de amamantar su cuerpo recibirá el mensaje de que se esta produciendo demasiada leche y por consiguiente reducirá su producción total.


MITO
No hay necesidad de despertar al bebé para amamantarlo.

REALIDAD
Los bebes recién nacidos a veces no despiertan seguido y se les debe de despertar por lo menos cada 3 horas, después de que terminaron de comer (peligro de baja en sus niveles de azúcar, pérdida de peso mayor a la normal, deshidratación etc.).


MITO
Siempre deben usarse ambos pechos en cada toma.

REALIDAD
Es mas importante permitirle al bebé terminar con el primer pecho aunque no tome del segundo para que tome grasas que le ayudaran a ganar peso. La siguiente toma se empezará con el pecho que terminó.


MITO
Si el bebé no aumenta de peso puede deberse a la baja calidad de la leche materna.

REALIDAD
En la mayoría de los casos que el bebé que no aumenta de peso esta relacionado con que no se le permite tomar la suficiente leche o con problemas de salud del bebé o de la madre.


MITO
La madre debe beber leche para poder producir leche.

REALIDAD
Los casos mas comunes de baja producción de leche son por no amamantar frecuentemente y/o por mala posición. El estrés, la fatiga o mala nutrición rara vez son causa de baja producción de leche porque el cuerpo de la madre tiene un mecanismo de supervivencia desarrollado para proteger al bebé amamantado.


MITO
No existe la confusión de pezón, si le ofrecemos mamila.

REALIDAD
La alimentación al seno materno y con mamila requieren diferentes tipos de habilidades orales.
La alimentación con biberón requieren de un menor esfuerzo comparado con el pecho además de que en vez de extraer la leche, prácticamente detiene el chorro con la lengua, como resultado algunos bebés desarrollan una confusión al succionar y aplican técnicas de succión inapropiadas al pecho cuando cambian constantemente entre pecho y biberón.


MITO
Amamantar frecuentemente puede llevar a la depresión posparto.

REALIDAD
Se cree que la depresión posparto es causada por las cantidades de hormonas que varían después del parto y se demuestra con desgano e insociabilidad aunque esto ocurre mas comúnmente en mujeres con problemas en su entorno durante el embarazo o incluso antes de este. La lactancia materna actúa como un mecanismo de protección para la depresión.


MITO
Amamantar a libre demanda no incrementa el lazo madre-hijo.

REALIDAD
Amamantar a libre demanda pone a la madre y el hijo en una sincronía, acentuando el lazo que los une.

MITO
Las madres que cargan mucho a sus bebes los van a “embracilar” o "malcriar"

REALIDAD
Los niños que son cargados frecuentemente lloran menos y muestran mas seguridad al ir creciendo.


MITO
Es importante que otros miembros de la familia alimenten al bebé para que se identifiquen y se forme un lazo con ellos también.

REALIDAD
Alimentar no es el único método por el cual la familia puede conseguir un acercamiento con el bebé, pueden cargarlo, arrullarlo, bañarlo, jugar, etc. Todas estas actividades son igualmente importantes para su desarrollo y pueden servir como medio para formar apego con la familia.


MITO
Amamantar a libre demanda tiene un impacto negativo en la relación de pareja.

REALIDAD
Los papás maduros comprenden que las necesidades de un recién nacido son intensas pero disminuyen con el tiempo, de hecho atender al bebé en equipo también puede acercar a la pareja al mismo tiempo que desarrollan juntos sus habilidades como padres.


MITO
Algunos bebés son alérgicos a la leche materna.

REALIDAD
La leche materna es la sustancia más natural y fisiológica que un bebé puede ingerir, si un bebé se muestra sensible con este tipo de alimentación probablemente se deba a alguna proteína externa que se haya absorbido en la leche, mas no a la leche en si. Esto se soluciona rápidamente identificando el alimento y dejándolo de consumir por un tiempo.


MITO
Si el niño amamanta frecuentemente puede llegar a ser una persona obesa.

REALIDAD
Se ha demostrado que los niños amamantados controlan la cantidad de alimento que desean en cada toma. El alimentar con fórmula y al introducir alimentos sólidos a temprana edad es mas propicio para la obesidad.


MITO
Amamantar acostada puede causar infección en el oído del bebé

REALIDAD
Debido a que la leche materna es un alimento vivo y tiene una combinación de anticuerpos, factores antiinflamatorios e inmunomoduladores, el bebé es menos propenso a desarrollar infección del oído o de cualquier otro tipo, sin importar la posición en la que se amamante.

MITO
Amamantar más de 12 meses es inútil porque la calidad de la leche empieza a bajar después de los 6 meses.

REALIDAD
La composición de la leche materna cambia para adaptarse a las necesidades del bebé mientras crece. La leche materna continua complementando y enriqueciendo las defensas mientras se siga ingiriendo, el sistema inmunológico humano madura hasta los 6 años de edad.


MITO
Si la madre se enoja o se asusta hay que suspender la lactancia.

REALIDAD
Estas emociones no afectan la calidad o cantidad de la leche es importante la tranquilidad de la madre para que el reflejo de bajada no se bloque.


MITO
Cuando se esta amamantando no debe bañarse la mamá con agua fría.

REALIDAD
Si se tiene este hábito, no hay razón para cambiarlo. No altera la calidad ni la cantidad de la leche producida.


MITO
Si la mamá este resfriada se debe suspender la lactancia.

REALIDAD
Si la madre esta resfriada deberá tener cuidado para no contagiar a su hijo (uso de cubre bocas).
No se justifica suspender la lactancia ya que la leche no sufre modificaciones y en cambio si puede protegerlo contra infecciones.


MITO
Cuando la leche es rala ( delgada ) no sirve para alimentar al bebé.

REALIDAD
El color de la leche humana es diferente al de la leche de vaca por lo que no debe compararse.
Es conveniente recordar que al inicio de la tetada, la leche es mas clara que al final. La leche materna por definición siempre es óptima para los bebes.


MITO
La leche acumulada se hecha a perder por lo tanto no debe darse al niño.

REALIDAD
La leche materna no sufre alteraciones, siempre esta en buenas condiciones.


MITO
Las madres que se acaloran no deben de amamantar porque la leche le hace daño al bebé.

REALIDAD
El calor del sol o del fuego que reciben algunas madres, por mucho tiempo, no altera la leche.
Puede continuar dando de mamar, procurando ingerir líquidos para satisfacer la sed.


Como se puede leer son múltiples los mitos que van en contra de una lactancia materna exitosa.

Lo preocupante es que no solo las madres pueden llegar a tener estos mitos sino también médicos,
enfermeras y personal de salud en general. Por lo que el preocuparse por actualizar o adquirir los conocimientos necesarios para apoyar a las madres en lograr una lactancia exitosa en muy importante.

Texto publicado en: www.clinicapigui.com

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